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viernes, 25 de octubre de 2013

CULTURA VICÚS - VII

ARTE PRE-HISPÁNICO.-
            El arte pre-hispánico es abordado por la arqueología y antropología. En este afán buscamos y averiguamos que conceptos se han vertido respecto al tema en cuestión, que forma parte de los estudios piuranos.
            La piurana cultura Vicús tiene significativa presencia en cuanto al campo artístico y está debidamente acreditada en sabias definiciones en cuanto a su cerámica y metalurgia. Sobre la primera expresamos:
            “El estilo Vicús está caracterizado por su cerámica. La cerámica Vicús/Vicús se caracteriza, en términos generales: por su aspecto macizo, a veces francamente rústico; por su tendencia escultórica, realista, a través de la cual se expresa trozos del mundo Vicús tanto profano como espiritual; por sus formas de recipiente de doble cuerpo, y de cántaros con un tipo de asa peculiar que permite portar la vasija valiéndose de los dedos.
En las técnicas presentes en Vicús, destacan la decoración blanco sobre rojo y la “pintura negativa”. La última, básicamente, consiste en pintar las áreas que rodean y separan motivos decorativos; así se consigue que resalten precisamente aquellos motivos decorativos, por el hecho de no haber quedado afectados por pintura.
También en lo que toca al uso de la pintura blanca sobre base roja, debemos igualmente destacar su difusión amplia y el hecho de ser, como la anterior, igualmente, típica para el Formativo Tardío. La “pintura negativa” es acaso más antigua que la “blanca sobre el rojo” y coexisten ambas tradiciones, prolongándose por más tiempo la primera conforme ha quedado establecido en el Valle de Virú” (1).
Respecto a la metalurgia se tiene plenamente establecido que los Vicús fueron excelentes metalurgias. Esta elocuente apreciación la pasamos a demostrar con las apreciaciones que a continuación se insertan:
“Se trabajó el oro, la plata y el cobre mediante el sistema del martillado, repujado y moldeado. Al hacer las joyas utilizaban la concha de perla, llevada de Sechura; y no pocas veces por las esmeraldas y turquesas. Era muy frecuente el uso de sobre combinadas con planchas de oro”, que le dio mucha calidad (2).
Las bellas artes impregnadas con talento en las obras cerámicas y orfebres vicuces, ha determinado que los Vicús se califiquen en la antigüedad piurana como eximios artistas en materia de cerámica y metalurgia.
NOTAS.-
(1)Jorge E. Moscol Urbina; De los Vicús al siglo XX, Págs. 14/15.
(2)Reynaldo Moya Espinosa; Historia Pre-Hispánica de la Región Grau, Págs. 81/82.

MUSEO DE SITIO.-
Un acucioso investigador del Perú pre colombino nos informa que “a comienzos de 1963, el Patronato Nacional de Arqueología encomendó a Ramiro Matos Mendieta investigar la procedencia del decomiso que la Policía realizó en 1953, y buscar todos aquellos sitios de donde procedía la abrumadora cantidad de ceramios que inundaba el mercado de antigüedades. Fruto de esta misión fue un esclarecedor informe al Patronato el 5 de Febrero de 1963 y publicado en la Revista del Museo Nacional Tomo XXXIV en 1966.
Matos descubrió a lo largo del río Piura, desde Tambogrande a Salitral, numerosos yacimientos explotados por buscadores de tesoros. Ninguno tan grande y tan expoliado como uno situado al pie del Cerro Vicús, en el Alto Piura. Recorriendo los tributarios del Piura: Ríos Seco, Yapatera, Charanal, etcétera, descubrió hacia el norte una extensa y desconocida ruta cultural.
Los campesinos piuranos que llegaban a Lima cargados de objetos saqueados, los fueron ofreciendo de aquí y de allá. Así, ante los asombrados ojos de los conocedores apareció por vez primera la cerámica Vicús. Con ella venían vasos Moche de gran belleza. La información que dieron los vendedores fue que la cerámica Moche aparecía en los mismos cementerios Vicús, pero situadas a niveles menos profundos, denunciando esta posición no la contemporaneidad pero si la ocupación, en tiempos distintos, de un mismo territorio” (1). 
Hay un referente cronológico sobre el descubrimiento de la cultura Vicús. Dice así: “Oficialmente fue el 1° de febrero de 1963, cuando se principió  a hablar de las ruinas de Vicús, pero darles ese nombre. El diario “La Prensa” de Lima denunció la depredación que hacían huaqueros en un antiquísimo cementerio del que extraían gran  cantidad de piezas de oro, cobre y de cerámica. Vicús era por entonces comprensión de la hacienda Pabur cuyo propietario era don Domingo Seminario Urrutia, bisnieto de Miguel Gerónimo Seminario y Jaime, uno de los próceres de la Independencia Política de Piura.
La depredación de los huaqueros se inició los años de 1956, pero sólo cavaban no más de 4 o 5 metros de profundidad. Bien pronto se dieron cuenta que a mayor profundidad se encontraban más valiosas piezas de ceramios y joyas. Desde entonces, Vicús se llama no sólo a la zona arqueológica, sino también a la manifestación cultural” (2). 
Es incuestionable que con fecha 5 de febrero de 1962, se produce el “informe de los comisionados Ramiro Matos Mendieta y Florentino Gálvez Saavedra (Florencio de la Sierra), nombrados por el Patronato Nacional de Arqueología para investigar sobre el contrabando de especies arqueológicas Vicús y Frías” (3).
Pese a la existencia de colecciones de huacos en Piura y Chulucanas hasta la fecha no ha sido posible establecer el Museo de Sitio de la Cultura Vicús, que se anunció desde hace más de siete lustros, por lo que es necesario insistir en que se haga realidad este antiguo proyecto, que beneficia a nuestra región mediante la organización y puesta en valor del Patrimonio Cultural de la Nación, por mandato constitucional que dice así:
“Los yacimientos y restos arqueológicos, construcciones, monumentos, lugares, documentos bibliográficos y de archivo, objetos artísticos, expresamente declarados bienes culturales son patrimonio cultural de la Nación, independientemente de su condición de propiedad privada o pública. Están protegidos por el Estado. La ley garantiza la propiedad de dicho patrimonio” (4).
            “Estos huacos son hechos a mano, es decir sin molde, y no hay una pieza idéntica a la otra. Pruebas de carbono 14, realizadas en EE. UU., arrojaron una antigüedad de 2300 años. Se caracterizan por tener el pico biselado, como botella de cerveza.
En las tumbas o huacas no se han encontrado esqueletos, ya que parece eran incinerados pues lo que sí se ha encontrado es un polvo blanquecino que se cree es el producto de la incineración.
Los huacos se encuentran entre los 8 y 12 metros de profundidad, pero hay huacos que llegan a 25 m. Son representativos de esta cultura los “huacos silbadores”, que emiten el sonido del animal que representan, ya sea al soplar por el orificio o al servir líquido como agua. Son también admirados los “huacos eróticos”, mal llamados pornográficos; y es que ellos indican la libertad sexual que los vicucinos tenían. Hay que destacar que no se han encontrado  representaciones de escenas de homosexualismo.
Pues bien, el pueblo de Chulucanas está llamado a mejor consideración, ya que Vicús pertenece a Chulucanas, motivo por el cual hay una unánime opinión de que funcione en este lugar un museo de sitio, ya que dicha necrópolis en su máximo exponente histórico.
Este proyecto tuvo la aprobación del Dr. Luis Guillermo Lumbreras en 1975, cuando era director del Museo Nacional de Antropología y Arqueología, pero lamentablemente no se concretó. También se cifraron muchas esperanzas en la Dra. Martha Hildebrandt, quien en esta fecha se desempeñaba como directora del Instituto Nacional de Cultura, pero igualmente quedó en un dormido proyecto.
Profesores de Historia de los colegios de Chulucanas se preocuparon e hicieron eco de este justo reclamo del pueblo; y, autoridades civiles, religiosas y políticas, así como las instituciones culturales y deportivas  se sumaron entusiastamente al proyecto.
Una comisión presidida por la Profesora Elena Orozco de Rubio viajó a Lima para agotar dicha gestión, pero parecería que dichas voces eran como las campanas de palo que no hacen ruido. Y allí sigue Vicús, según unos, está encantado, mientras los huaqueros se dedican al vandalismo de dicha necrópolis, felizmente huaqueando una vez al año en Semana Santa porque creen que los huacos afloran a la superficie. Vicús sigue igual y el Museo de Sitio, un sueño en una noche de verano” (5).
A lo expuesto debemos agregar que en Lima también hay piezas de la Cultura Vicús que se pueden incorporar al Museo de Sitio en cuestión. Pues, “a fines de la década de 1950, llegaron a Lima los primeros ejemplares de un desconocido estilo de cerámica, bautizado “Ayabaca” por la astucia de los vendedores de antigüedades, quienes querían así despistar a las autoridades. El interés mostrado por los coleccionistas particulares (nacionales y extranjeros) incentivó la profanación de una gran cantidad de tumbas en Vicús, localidad cercana a la ciudad de Chulucanas, en los linderos de la antigua hacienda Pabur. A tal grado llegó esta “fiebre de saqueo” que, como apunta Lumbreras, “cuando aún los arqueólogos peruanos no habíamos visto ni un solo objeto de Vicús, ya ellos estaban llenando museos y colecciones fuera (y dentro) del Perú” (6). 
NOTAS.-
(1)Arturo Jiménez Borja; Moche, Págs. 17/18.
(2)Reynaldo Moya Espinosa; Historia Pre-Hispánica de la Región Grau, Pág. 71.
(3)Edmundo Cornejo Ubillús; Obra citada, Pág. 42.
(4)Constitución Política del Perú vigente, artículo 21.
(5)Edmundo Arámbulo Palacios; Diccionario citado, Págs. 290/91.

(6)Víctor Velezmoro Montes; Historia de Piura: Orígenes y primeros tiempos, Pág.24. 

CULTURA VICÚS - V

CERÁMICA VICÚS.-
            Con conocimiento de causa un estudioso peruano tiene expuesto que “la cerámica Vicús tiene el acabado de excelente presencia; su color es marrón, naranja y rojo en diversos matices. Los diseños son geométricos, la decoración es con la técnica negativa y blanco sobre rojo. También hay cerámica monocroma.
            Se ha establecido con claridad meridiana que “la cerámica vicús tuvo dos influencias muy marcadas, inicialmente la tradición cultural Chorrera (Ecuador) de procedencia norandina, y en una segunda etapa la tradición cultural Mochica, con influencia e ideología chavinoide. La presencia de dos tradiciones culturales distintas en este sitio arqueológico nos hace creer que Vicús es otro producto interesante surgido en 
esta área contradicional. Tal vez apareció como un nuevo puerto de intercambio entre las áreas norte y centro andinas y poco a poco llegó a transformarse en un importante núcleo productivo artesanal y agrícola” (1).

Son frecuentes las esculturas antropomorfas, zoomorfas y fitomorfas. Los animales representados son: muca, gato montés, patos, venados, pez-serpiente y lagarto. Hay botellas de forma cilíndrica, ollas y vasijas de dos cuerpos y asa canasta; botellas con pico tubular, unidos por asa puente y con un tubo conductor a una efigie u otra botella; botellas con estribo; botellas silbadores; vasijas representando viviendas, etcétera. El arte erótico tiene un lugar muy destacado, hay ceramios representando sexo y amor” (2).  
            Hay tres tipos. Es incuestionable que el desarrollo y la importancia de la cerámica Vicús, son tan grandes que los investigadores registran en su trayectoria histórica varias fases para entender mejor su actuación prehispánica. La cultura Vicús, que tiene gran expresión a través de su cerámica, ha merecido serias investigaciones que nos sirven en la revaloración de su pasado histórico.
Dentro de las fases más categóricas están: “Vicús. Vicús, Vicús – blanco. Vicús Anaranjado. Vicús – Moche. Vicús - Salinar. Vicús – Cupisnicoide. Vicús – Virú, que tiene serias interpretaciones. Son siete fases bien definidas que dan prestancia a esta organización piurana prehispánica de significativa importancia en la Historia de Piura.
Cabe dejar expresa constancia que la cultura Vicús fue netamente ceramista. Lo fue desde su inicio para obtener una utilería al servicio de sus habitantes. En el segundo período Vicús  se destacan los ceramios porque además de utilitarios se convierten en expresiones de carácter artístico. Por ello se dice que el sentimiento, la forma de pensar y le modo de ser del poblador Vicús podrá ser observado objetivamente en un ceramio” (3), que de verdad son muy finos.
Veamos que “la ruptura de los complejos de cerámica y las diferencias en los patrones de poblamiento implican el dominio y la incorporación de un nivel estatal de complejidad, con influencia inicial de Lambayeque y posterior mente del reino Chimú con su capital Chan Chan” (4).
Tengamos en consideración que “la cerámica Vicús, por consiguiente, no es simplemente un relicto aunque algunas de las técnicas existentes pueden emplearse en la actualidad. Tampoco es expresión exuberante, fruto de una cierta despreocupación ingenua de un pueblo de poca complejidad social o “intelectual” (hemos podido encontrar arquitectura monumental, indicios de tecnología metalúrgica, etcétera).
 Es una expresión técnica y formal dentro de largas tradiciones en  una amplia área en la cual el estilo Vicús no es ajeno, intrusivo, “anormal” o marginal sino integrado en una amplia y compleja red de naturalezas cambiantes cuyos detalles (y algunos aspectos más básicos) aún se nos escapan, debido a una cierta apatía de la que parece padecer la arqueología del Perú a menudo, la de contemplar la destrucción sin la intervención oportuna. Vicús fue y sigue siendo un ejemplo destacado de esta actitud” (5).
Es relevante la apreciación que se hace sobre “la cerámica Vicús/Vicús. Se caracteriza, en términos generales: a) por su aspecto macizo, en otros casos rústico; b) por su tendencia escultórica realista, a través de la cual expresa trozos de su mundo tanto profano como espiritual; c) por su decoración de pintura “blanca sobre rojo”; d) por sus formas de recipientes de doble cuerpo, y de cántaros con un tipo de asa que permite portar la vasija con un dedo, etc.
Hay que relevar, además, que la “pintura negativa” es decoración muy frecuente de la cerámica Vicús/Vicús. La pintura negativa consiste básicamente, en pintar las áreas que rodean y separan motivos decorativos; se consigue así que resalten precisamente aquellos motivos decorativos, por el hecho de no haber sido afectados por la pintura. Hay variedades en esta técnica” (6). 
Para mejor ilustración, conveniente es agregar que “las sorpresas iniciales en cuanto a la calidad de la cerámica y de los objetos de oro encontrados que salpicaron los primeros estudios arqueológicos sobre la región, han dado paso al reconocimiento de la alta tecnología que alcanzaron los antiguos norteños de la mano con el avance y la consolidación de las investigaciones realizadas. La etapa formativa y en general la cultura VICÚS, han concentrado la atención de los trabajos” (7).
Los estudios realizados sobre la cultura Vicús determinan que hubo dos clases de cerámica. La primera “de poca calidad artística, que se caracteriza por ser tosca, es decir, no tiene un acabado y una técnica desarrollada. La cerámica tiene escaso brillo. La representación o decoración son animales y vegetales, sobre la figura humana; en el que destacan las narices y las orejas demasiado grandes”.
Viene la segunda, que es “de gran finura y belleza. Se caracteriza por ser escultórica. La cerámica es globular y la representación es tan igual que el estilo anterior. La diferencia está en que la cerámica tiene un buen acabado y con brillo. Los colores que emplearon fueron el blanco, rojo y la decoración negativa” (8). 
Necesario es destacar que “por los años de 1980, las piezas de cerámica Vicús eran pagadas en Holanda, en Estados Unidos y otros lugares del extranjero, a precios elevadísimos, lo cual aceleró la depredación. Cientos de piezas que se encontraban en manos de particulares, emigraron y se perdieron para siempre, yendo a enriquecer colecciones privadas de millonarios aficionados del exterior” (9).
Acorde con las exposiciones que realiza el Museo Vicús de la Municipalidad Provincial de Piura, al tratarse el tema de su cerámica se notan tres tipos. Vicús negativo: que comprende círculos simples, volutas y triángulos que aparecen en recipientes con figuras de animales. En la cerámica Vicús negativa podemos apreciar guerreros, músicos y escenas eróticas con figuras desnudas de ambos sexos.
Sigue el Vicús blanco sobre rojo: es similar al Vicús negativo, ya que presenta recipientes escultóricos antropomorfos, fitomorfos y zoomorfos. Su decoración combina el blanco, con  aplicaciones, incisiones y líneas  
Ahora tenemos el estilo Vicús englobado en monocromías: que presenta una apariencia tosca, con manchas oscuras debido a defectos de cocción. Sustentando este tipo de cerámica, hay muestras en el citado Museo de recipientes con base acampanada, trípodes o pedestales.
Desde el punto de vista estilístico, a la vista de los ceramios que exhibe el Museo Vicús, se han podido identificar tres fases: Vicús temprano, Vicús medio, dividido en 2 segmentos: A y B; y, Vicús tardío, que también está dividido en los segmentos A y B (10).    
Finalmente, en materia de cerámica, se ha establecido que “VICÚS viene a ser cuanto a las formas que encontramos en el norte como en el sur del Perú, la iniciación de formas  que son básicas en ambas regiones, lo que me convence de algo trascendental, o sea, la imposibilidad de que en el Perú las culturas se han explayado del norte hacia el Sur. Nos sale al encuentro, como explicación de lo dicho, el hallar en las culturas de la época evolutiva de VICÚS, no solo las formas que, posteriormente, se convierten en las típicas de la cerámica del norte, como en ella aparecen las formas comunes de la cerám1ica del Sur en sus primeras etapas, como Paracas y, en la época de auge, en la cultura Nazca” (11).

NOTAS.-
(1)Víctor Velezmoro Montes; Historia de Piura-UDEP, Orígenes y primeros tiempos, Pág.25.
(2)Justo Cáceres Macedo; Obra citada, Págs. 49/50.
(3)Boletín Cultural Vicús, ya citado, Pág. 3.
(4)Jorge E. Moscol Urbina; Obra citada, Pág. 13.
(5)Cristóbal Campana; VICÚS y la Alfarería Norandina, Págs. 11/12.
(6)Editorial Juan Mejía Baca; Historia del Perú Antiguo, Tomo I, Pág. Pág. 318.
(7)Bruno Revesz y otros; Piura: Región y Sociedad, Pág. 170.
(8)Abner Tenazoa Orbe, Obra citada, Pág. 35.
(9)Reynaldo Moya Espinosa; Obra citada, Pág. 78.
(10)Municipalidad de Piura: Museo Vicús; Sección Informativos.

(11)Carlos Guzmán; obra citada, Pág. 14.

CULTURA VICÚS - III

ETAPAS.- CULTURA VICÚS
La cultura Vicús, según los estudios realizados sobre el tema en cuestión, determinan que durante su vida organizada, pasó por tres etapas bien definidas. La cronología está fundamentada, según Makowski y Amaro, en las excavaciones estratigráficas de arquitectura ceremonial, doméstica, de talleres (21 fechas C 14), así como en la seriación de ajuares cerámicos provenientes de entierros de Yécala.
La primera fue la Chavín, que es un período de desarrollo regional que contó con la influencia de esta cultura. Arqueológicamente se le denomina “Vicús – Vicús (200 A.C. – 100 D.C.). El período se caracteriza por la difusión del estilo Sechura, caracterizado por formas  utilitarias, y originario del valle bajo, así como por el desarrollo del estilo local Vicús”. 
La segunda se refiere al crecimiento regional, donde los vicuces mediante un trabajo disciplinado, con iniciativa propia, llegan a expandirse para superar una magnífica etapa con acción propia, sin contar con influencia de terceros.
Extendió, con planificación organizada, su radio de acción por el norte hacia Tumbes, por el sur llegó hasta Lambayeque. También se prolongó a la sierra de Ayabaca siguiendo al Ecuador. Ha dejado huella indeleble de su presencia por estos pueblos que agigantan su contexto histórico social en el Perú Antiguo.
Cronológicamente esta etapa llamada “Vicús –Mochica Temprano A y B (100 D.C. – 400 D.C.). El estilo Gallinazo sustituye a Sechura en la cerámica utilitaria. Los entierros en Loma Negra, comparables con la Mina y Sipán, y los talleres especializados Mochica (estilo Mochica I, II, III) demuestran que los advenedizos de Jequetepeque (?) asumieron posición política dominante; sin embargo los talleres Vicús seguían produciendo cerámica ceremonial fina e introdujeron varios elementos iconográficos y formales inspirados en los estilos Virú – Gallinazo y Mochica. La arquitectura de Tapial y, luego, de adobe rectangular Gallinazo – Mochica reemplaza a la arquitectura de barro embutido Vicús”.  
La etapa Mochica, llamada “Vicús – Mochica Tardío A y B (400 D.C. – 700 D.C.?) lleva a la cultura Vicús a su máximo esplendor. Contando con la influencia de los mochicas quienes, con mayor experiencia organizativa, contribuyeron a mejorar el sistema de gobierno de aquella, hasta que llegó su decadencia, como ocurrió con todos los pueblos prehispánicos.
Se ha definido que “el estilo Mochica (IV, V) adquiere características provinciales. El estilo Vicús subsiste, pero el repertorio formal e iconográfico se empobrece. Adquieren popularidad formas utilitarias y el asa-canasta. El fin del período no está bien reconocido”.

LA AGRICULTURA.-
La cultura Vicús fue un pueblo netamente agricultor. A base de la agricultura obtuvo los alimentos necesarios para abastecer la mesa popular, que fue combinada con el pescado que obtenían en sus faenas pesqueras, pues también dieron muestra de ejercerlas con original habilidad.
Para mejorar la producción agrícola construyeron canales de regadío que les permitió establecer un eficiente sistema de irrigación para sus tierras. Hasta hoy existen vestigios de estos canales que es una muestra palpable de la vocación agrícola de los habitantes de la cultura Vicús.
Capacitó a los trabajadores del agro para obtener óptimas cosechas mediante un trabajo tecnificado, que tuvo su mejor apoyo en la irrigación de las tierras y la fuerza de trabajo producida por una competitiva fortaleza de su gente, que se esforzaba para obtener buena producción (1).
Hay más sobre la faena agrícola y los canales de riego. Pues, “Vicús como pueblo adelantado tuvo en la agricultura su principal actividad. Numerosos ceramios representan frutos de la tierra que se obtienen por cultivo como son: maíz, algodón, yuca, pallar y otros que podían darse en forma natural como calabazas, melones, sandías, zapallos, y frutales como chirimoyas. Debido a la temporalidad de las lluvias, los hombres de Vicús aprovecharon el agua en debida forma construyendo canales y estanques.
La preocupación del agua de riego ha sido por lo tanto una constante a lo largo de los siglos, tanto para el agricultor primitivo como para los actuales que viven en la región. Muchos canales construidos en tiempos de Vicús son todavía usados. Como instrumento de labranza utilizaron una palana, con mango corto de madera y una paleta de cobre, que en cierta forma era mejor que la taclla de los Incas. Conocieron las propiedades del guano y lo utilizaron para fertilizar la tierra. El guano procedía de las Isla de Lobos, lo cual muestra las relaciones comerciales que tenían con los pobladores de la costa” (2).
NOTAS.-
(1)Juan G. Paz Velásquez; Historia de Piura, inédito.
(2)Reynaldo Moya Espinosa; Historia Pre Hispánica de la Región Grau, Pág.74.

        

CULTURA VICÚS - II

SU UBICACIÓN.-
            Vicús es una cultura arqueológica del Perú Antiguo, con una amplia área geográfica. Existió en la zona costera del hoy norte peruano, que se levanta en el curso inferior del río Piura, a 7 kilómetros del distrito de Chulucanas, en la provincia de Morropón, del departamento de Piura. Sirvió de enlace con otras ciudades levantadas más al norte.
            Se ha expuesto que la cultura Vicús “se encuentra ubicada en la hacienda Pabur, provincia de Morropón, departamento de Piura. La denominación Vicús se debe al nombre del lugar donde se encuentra el más importante cementerio” (1).
Dentro del tiempo, según los estudios realizados, existió 500 años antes de Cristo y llegó a su esplendor hacia los 500 años de la era que vivimos, notándose prosperidad social que le permitió una vida organizada de mil años. Su sede administrativa estuvo en el cerro Vicús, a una altitud de 170 m.s.n.m.
Un comentario apropiado a la ubicación, nos dice que Vicús es una “zona arqueológica a 50 kilómetros al este de la ciudad de Piura y al pie del Cerro Vicús, próximo al caserío del mismo nombre, cerca de Chulucanas, capital de la provincia de Morropón en el Alto Piura. Aquí floreció la gran cultura que lleva este nombre” (2).
Destacando la institución prehispánica que comentamos, se ha puesto de manifiesto que el poblado de Chulucanas se encuentra situado en la zona llamada del Alto Piura, en las inmediaciones del Cerro Vicús, matriz de la Cultura Tradicional denominada con el mismo nombre por los arqueólogos que la descubrieron hace apenas veinte años  –se decía en 1984, agregamos-. Entre los aportes de éstas, se destaca el casi único trabajo de campo realizado por Matos Mendieta en 1964. Algunos ceramios muy hermosos, exponentes de este asentamiento han sido rescatados por los coleccionistas y quizás la más completa muestra  que hoy podemos apreciar, está en la ciudad de Lima. Estas piezas nos ponen en manifiesto la diferencia de estilos y variedad de tecnología” (3).      
A través del rigor arqueológico, se ha verificado que “los cementerios se hallan casi bordando los lados Este-Nor-Este y Sur-Oeste del Cerro Vicús, correspondiente a los sectores Vicús propiamente dicho y Yécala o el Ovejero; las construcciones se encuentran en montículos predominantes, que se han localizado contiguos a la margen izquierda del río Piura y a los basurales cortados por la creciente del indicado río. Toda esta zona está limitada por el río Piura al Este, el caserío de la Matanza al Sur, la carretera Panamericana hacia el Oeste y la bifurcación de la mencionada carretera, que va a Chulucanas, hacia el Norte. Por encontrarse la zona de Vicús prácticamente agotada, los trabajos arqueológicos se circunscribieron al área de Yécala, a pesar de encontrarse bastante profanada” (4).
Desde otra óptica, respecto a la ubicación geográfica de la Cultura Vicús, se acota lo siguiente: “Se ubica en el Cerro Vicús, en la hacienda Pabur, a 7 kilómetros al sureste de Chulucanas, capital de la provincia de Morropón, departamento de Piura. Esta cultura fue receptiva, es decir, que recibió aportes de muchas culturas, entre ellas: Chavín, Salinar, Mochica, Virú, Wari. Quien estudia esta cultura es el arqueólogo Muelle” (5).




Con espíritu de profusión agregamos que, ratificando lo antes reseñado, hay una cita que dice así: “Al llegar al Km. 50, un desvío de 10 kilómetros, conduce a la pujante ciudad de Chulucanas. Al costado derecho del desvío, hay un cerro llamado Vicús y desperdigados por el sector una serie de pequeños poblados y promontorios llamados Huasimal, Tierras Negras, Loma Verde, Ovejero, Yécala, Loma de la Viuda y Matanza. Fue en ese sector en donde se desarrolló la cultura Vicús. Sitio vinculados  a Vicús y ubicados un poco al sur, son Talanquera y Zapotal. Al nor-este, ya en la sierra piurana, también tuvieron relación con Vicús, los asientos de Frías, Santa Rosa y Mostrante” (6). 
Con espíritu académico respecto a la cultura Vicús se ha escrito: “Este importante estilo cerámico fue descubierto por nosotros en la hacienda Pabur, cerca de Chulucanas, provincia de Morropón, departamento de Piura, en la margen izquierda del río Piura, en el año 1963, en ocasión de un encargo del entonces Patronato Nacional de Arqueología, que presidía el Dr. Luis E. Valcárcel (Matos: 1965-66).
La denominación Vicús se debe al nombre del lugar  donde se encuentra ubicado el más importa cementerio. En la carta geográfica figuran con este nombre el cerro, el tablazo y el despoblado donde precisamente se encuentra la ocupación más significativa de la correspondiente cultura. El área de su mejor focalización es el Alto Piura, es decir la sección media y superior de la cuenca del Piura, aunque hay vestigios Vicús en la parte baja.
Los sitios principales que localizamos son: cementerios entre Vicús y Yéncala (el foco más importante), Monte de los Padres, Talanquera, Zapotal, Malamatanza en Morropón y Santa Rosa y Callingará en Fría, Ayabaca. En todos los casos, el patrón de ocupación y aprovechamiento del espacio geográfico es uniforme. La ubicación tiene lugar en suelo plano, como si se tratara de pueblos sumamente pacíficos. No hay indicio alguno de fortificaciones o posiciones defensivas. Naturalmente, nada se sabe de los patrones habitacionales. Hasta la fecha no se ha ubicado una vivienda Vicús, ni menos podemos hablar de edificaciones” (7).   
NOTAS.-
(1)Justo Cáceres Macedo; Las Culturas Prehispánicas del Perú, Pág. 47.
(2)Edmundo Arámbulo Palacios; Diccionario citado, Pág. 290.
(3)Gerásimo Sosa; El barro nos unió; Pág. 7.
(4)Carlos Guzmán; Arqueología Piurana, Los Vicús, Pág. 11.
(5)Abner Tenazoa Orbe; Perú Pre-Inca, Pág. 34.
(6)Reynaldo Moya Espinosa; Historia Pre-Hispánica de la Región Grau, Pág. 67.
(7)Editorial Juan Mejía Baca; Historia del Perú Antiguo, Tomo I, Pág. 411.